Real Decreto 629/2026, de 21 de julio, por el que se concede el Collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro a Su Excelencia Marcelo Nuno Duarte Rebelo de Sousa, expresidente de la República Portuguesa.
Queriendo dar un relevante testimonio de Mi Real aprecio a Su Excelencia Marcelo Nuno Duarte Rebelo de Sousa, expresidente de la República Portuguesa, y en muestra de la tradicional amistad entre Portugal y España,
Oído el Consejo de Ministros,
Vengo en nombrarle Caballero de la Insigne Orden del Toisón de Oro.
Dado el 21 de julio de 2026.
FELIPE R.
Toisones concedidos y en uso actualmante
1941 Juan Carlos de Borbón, infante de España, príncipe de Asturias (Juan Carlos I)
1981 Felipe de Borbón y Grecia, príncipe de Asturias (Rey Felipe VI)
1983 Carlos XVI Gustavo, rey de Suecia
1985 Beatriz, reina de los Paises Bajos
1995 Harald V, rey de Noruega
2004 Simeón de Sajonia-Coburgo Gotha
2007 Henri, gran duque de Luxemburgo
2010 Javier Solana Madariaga
2010 Víctor García de la Concha
2011 Nicolas Sarkozy, presidente de la República Francesa
2014 Enrique Valentín Iglesias García
2015 Leonor de Borbón y Ortiz, princesa de Asturias
2024 Sofía de Grecia, reina de España
2025 Felipe González Márquez
2025 Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón
2025 Miquel Roca i Junyent
2026 Marcelo Nuno Duarte Rebelo de Sousa -pendiente de entrega-
BOE
Noticias falerísticas
Noticias y novedades sobre condecoraciones.
jueves, 23 de julio de 2026
sábado, 18 de julio de 2026
ICONOGRAFÍA (XLV)
SUBINSPECTOR DE PRIMERA CLASE SANTIAGO RODRÍGUEZ SÁNCHEZ
Subinspector médico, asimilado a coronel
Pendientes de cinta. Primera fila: Cruz de la Orden de Isabel la Católica, Cruz de la Orden de Carlos III y Cruz de la Orden de Isabel la Católica. Segunda fila: Medalla del 7 de octubre de 1841* y Medalla de Irún. Tercera fila: Cruz de Morella.
Pendientes de cinta. Primera fila: Cruz de la Orden de Isabel la Católica, Cruz de la Orden de Carlos III y Cruz de la Orden de Isabel la Católica. Segunda fila: Medalla del 7 de octubre de 1841* y Medalla de Irún. Tercera fila: Cruz de Morella.
Uso no comercial de la imagen, sólo a efectos divulgativos y de investigación.
Museo del Ejército
sábado, 11 de julio de 2026
Pasadores de diario (XIV)
2.ª fila: Medalla de la Cruz Roja, desconocida, ¿Orden civil de Sanidad?, desconocida, Oficial de la Orden Mehdauia.
3.ª fila: desconocida, Orden civil de Alfonso X el Sabio, desconocida, desconocida, desconocida.
4.ª fila: ¿Medalla Dunant?, desconocida, Medalla de Alabanza (Portugal), Medalla de la Orden Humanitaria de la Santa Cruz y Víctimas del Dos de Mayo, Medalla de la Cruz Roja.
5.ª fila: desconocida, Medalla de la Constancia de la Cruz Roja española, Medalla de la Cruz Roja, desconocida, Orden de la Beneficencia (distintivo morado y blanco).
domingo, 5 de julio de 2026
Entrevista a Fernando García-Mercadal
Entrevista a Fernando García-Mercadal
«En España hay un número disparatado de órdenes y condecoraciones y mucha opacidad sobre los condecorados»
Enlace a "El Debate"
«En España hay un número disparatado de órdenes y condecoraciones y mucha opacidad sobre los condecorados»
Enlace a "El Debate"
domingo, 28 de junio de 2026
CIEN AÑOS DE LA ORDEN DEL MÉRITO CIVIL (ABC)
CIEN AÑOS DE LA ORDEN DEL MÉRITO CIVIL.
La efeméride constituye una ocasión oportuna para llamar la atención sobre una importante anomalía en su gestión: no existe acceso público a la identidad de los galardonados.
Fernando García-Mercadal
24/06/2026.
Hace hoy cien años que el Rey Alfonso XIII rubricó el real decreto por el que se creaba la Orden del Mérito Civil, destinada a reconocer los méritos «de carácter general de los ciudadanos y funcionarios que aportan al servicio del Estado de un modo relevante sus esfuerzos, iniciativas y constancias». Con esta disposición nacía al mundo del Derecho una de las principales condecoraciones civiles españolas, considerada la cuarta más relevante, si atendemos a criterios de antigüedad y prestigio, tras la Insigne Orden del Toisón de Oro (1430) y las Reales Órdenes de Carlos III (1771) e Isabel la Católica (1815). Conviene destacar que estas cuatro órdenes comparten una característica singular: premian trayectorias y merecimientos no específicos y Su Majestad el Rey ostenta la dignidad de Gran Maestre de todas ellas. En consecuencia, las concesiones se otorgan en su nombre y los correspondientes títulos deben ser refrendados mediante su firma o estampilla. Esta particularidad las distingue del resto de las condecoraciones llamadas ministeriales cuyo fin es reconocer actuaciones o logros sectoriales vinculados a los ámbitos concretos de un departamento, como son, por ejemplo, la Orden Civil de Sanidad o la Medalla al Mérito en el Trabajo.
A lo largo de sus cien años de existencia, la Orden del Mérito Civil ha sido conferida en sus distintos grados a cerca de setenta mil personas, tanto españolas como extranjeras, hombres y mujeres, incluidas algunas a título póstumo. A esta cifra hay que añadir unos pocos centenares de entidades, fundaciones y organizaciones no gubernamentales, ya que, desde la entrada en vigor de su vigente Reglamento de 1998, las personas jurídicas también pueden ser premiadas con la Orden, para las que están reservadas las corbatas y placas de honor.
Resulta imposible condensar en unas pocas líneas la amplísima variedad de perfiles sociales y profesionales de las personas distinguidas con la Orden del Mérito Civil durante su dilatada historia. Entre sus miembros figuran dinastas, jefes de Estado, presidentes de Gobierno, altos dignatarios, diplomáticos, autoridades y máximos responsables de la Administración, así como destacadas personalidades de la política, la cultura, las artes, la universidad, el deporte, la empresa y la industria. Algunos de ellos gozan de gran notoriedad pública, mientras que otros permanecen en un plano más discreto. Junto a estas figuras sobresalientes, la Orden ha reconocido también a personas anónimas, funcionarios y profesionales de condición más modesta, cuya contribución resulta igualmente valiosa. Y es que, a diferencia de una mera condecoración, lo que caracteriza a una Orden es constituir un selecto club de agraciados en el que la relevancia no viene determinada tanto por el grado o categoría recibidos como por la pertenencia a una misma corporación honorífica y el reconocimiento común de unos méritos compartidos.
Admitida la madurez institucional y la plena consolidación de la Orden del Mérito Civil dentro del sistema premial español, la efeméride que conmemoramos constituye una ocasión especialmente oportuna para llamar la atención sobre una importante anomalía en su gestión que viene arrastrándose desde hace décadas. Esta disfunción, lejos de circunscribirse exclusivamente a esta Orden, pueden considerarse representativa de una problemática más amplia que ha caracterizado, en mayor o menor medida, la política de concesión de honores y distinciones seguida por nuestras autoridades desde los inicios de la Transición. Nos referimos al hecho de que en España no existe acceso público a la identidad de los cientos de compatriotas y ciudadanos extranjeros que cada año reciben alguna de las distinciones concedidas, a menudo de forma poco coordinada, por las distintas instancias oficiales ni, lo que resulta más preocupante, las razones que justifican su otorgamiento.
Esta falta de transparencia alcanza a los galardonados con la Orden del Mérito Civil, cuya cancillería radica en el Ministerio de Asuntos Exteriores. En contraste, la práctica totalidad de los países europeos, sean monarquías, como el Reino Unido, Dinamarca o Suecia, o repúblicas, como Francia, Alemania, Portugal e Italia, mantienen permanentemente actualizada en la página web de la jefatura del Estado (no de la presidencia del gobierno) un elenco o repertorio completo de las personas condecoradas, garantizando así la libre consulta de esta información.
Ahora mismo, únicamente se dan a conocer en el Boletín Oficial del Estado los condecorados con los grados del collar y las grandes cruces, y categorías asimiladas, es decir aquellas distinciones cuya concesión se adopta mediante el ropaje de un real decreto en el seno del Consejo de Ministros. El resto de las personas honradas con los grados inferiores de las distintas órdenes y con las medallas departamentales no son publicitadas de ninguna manera, dejando a salvo los beneficiados con la Orden de San Raimundo de Peñafort que se publican en el Boletín del Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes.
La publicidad constituye un requisito esencial de toda política premial, pues la función ejemplarizante de las conductas distinguidas sólo puede cumplirse si estas son adecuadamente difundidas y conocidas por la sociedad. Por ello, todas las órdenes y condecoraciones civiles otorgadas en nombre de Su Majestad el Rey deberían publicarse en el Boletín Oficial del Estado y anotarse posteriormente en un registro público de libre acceso. Solo así adquiere pleno sentido la idea formulada por el gran jurista turinés Norberto Bobbio (1909-2004), según la cual el derecho no debe agotarse en su dimensión sancionadora o represiva, sino que ha de asumir también una función promocional mediante el reconocimiento, los premios y los incentivos.
En este contexto, la transparencia en el ejercicio de la potestad premial de los poderes públicos se revela como una exigencia inherente a la buena gobernanza democrática, en la medida en que contribuye a prevenir prácticas corruptas y fortalece la calidad y legitimidad de las instituciones.
Fernando García-Mercadal
es director de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía.
ABC
La efeméride constituye una ocasión oportuna para llamar la atención sobre una importante anomalía en su gestión: no existe acceso público a la identidad de los galardonados.
Fernando García-Mercadal
24/06/2026.
Hace hoy cien años que el Rey Alfonso XIII rubricó el real decreto por el que se creaba la Orden del Mérito Civil, destinada a reconocer los méritos «de carácter general de los ciudadanos y funcionarios que aportan al servicio del Estado de un modo relevante sus esfuerzos, iniciativas y constancias». Con esta disposición nacía al mundo del Derecho una de las principales condecoraciones civiles españolas, considerada la cuarta más relevante, si atendemos a criterios de antigüedad y prestigio, tras la Insigne Orden del Toisón de Oro (1430) y las Reales Órdenes de Carlos III (1771) e Isabel la Católica (1815). Conviene destacar que estas cuatro órdenes comparten una característica singular: premian trayectorias y merecimientos no específicos y Su Majestad el Rey ostenta la dignidad de Gran Maestre de todas ellas. En consecuencia, las concesiones se otorgan en su nombre y los correspondientes títulos deben ser refrendados mediante su firma o estampilla. Esta particularidad las distingue del resto de las condecoraciones llamadas ministeriales cuyo fin es reconocer actuaciones o logros sectoriales vinculados a los ámbitos concretos de un departamento, como son, por ejemplo, la Orden Civil de Sanidad o la Medalla al Mérito en el Trabajo.
A lo largo de sus cien años de existencia, la Orden del Mérito Civil ha sido conferida en sus distintos grados a cerca de setenta mil personas, tanto españolas como extranjeras, hombres y mujeres, incluidas algunas a título póstumo. A esta cifra hay que añadir unos pocos centenares de entidades, fundaciones y organizaciones no gubernamentales, ya que, desde la entrada en vigor de su vigente Reglamento de 1998, las personas jurídicas también pueden ser premiadas con la Orden, para las que están reservadas las corbatas y placas de honor.
Resulta imposible condensar en unas pocas líneas la amplísima variedad de perfiles sociales y profesionales de las personas distinguidas con la Orden del Mérito Civil durante su dilatada historia. Entre sus miembros figuran dinastas, jefes de Estado, presidentes de Gobierno, altos dignatarios, diplomáticos, autoridades y máximos responsables de la Administración, así como destacadas personalidades de la política, la cultura, las artes, la universidad, el deporte, la empresa y la industria. Algunos de ellos gozan de gran notoriedad pública, mientras que otros permanecen en un plano más discreto. Junto a estas figuras sobresalientes, la Orden ha reconocido también a personas anónimas, funcionarios y profesionales de condición más modesta, cuya contribución resulta igualmente valiosa. Y es que, a diferencia de una mera condecoración, lo que caracteriza a una Orden es constituir un selecto club de agraciados en el que la relevancia no viene determinada tanto por el grado o categoría recibidos como por la pertenencia a una misma corporación honorífica y el reconocimiento común de unos méritos compartidos.
Admitida la madurez institucional y la plena consolidación de la Orden del Mérito Civil dentro del sistema premial español, la efeméride que conmemoramos constituye una ocasión especialmente oportuna para llamar la atención sobre una importante anomalía en su gestión que viene arrastrándose desde hace décadas. Esta disfunción, lejos de circunscribirse exclusivamente a esta Orden, pueden considerarse representativa de una problemática más amplia que ha caracterizado, en mayor o menor medida, la política de concesión de honores y distinciones seguida por nuestras autoridades desde los inicios de la Transición. Nos referimos al hecho de que en España no existe acceso público a la identidad de los cientos de compatriotas y ciudadanos extranjeros que cada año reciben alguna de las distinciones concedidas, a menudo de forma poco coordinada, por las distintas instancias oficiales ni, lo que resulta más preocupante, las razones que justifican su otorgamiento.
Esta falta de transparencia alcanza a los galardonados con la Orden del Mérito Civil, cuya cancillería radica en el Ministerio de Asuntos Exteriores. En contraste, la práctica totalidad de los países europeos, sean monarquías, como el Reino Unido, Dinamarca o Suecia, o repúblicas, como Francia, Alemania, Portugal e Italia, mantienen permanentemente actualizada en la página web de la jefatura del Estado (no de la presidencia del gobierno) un elenco o repertorio completo de las personas condecoradas, garantizando así la libre consulta de esta información.
Ahora mismo, únicamente se dan a conocer en el Boletín Oficial del Estado los condecorados con los grados del collar y las grandes cruces, y categorías asimiladas, es decir aquellas distinciones cuya concesión se adopta mediante el ropaje de un real decreto en el seno del Consejo de Ministros. El resto de las personas honradas con los grados inferiores de las distintas órdenes y con las medallas departamentales no son publicitadas de ninguna manera, dejando a salvo los beneficiados con la Orden de San Raimundo de Peñafort que se publican en el Boletín del Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes.
La publicidad constituye un requisito esencial de toda política premial, pues la función ejemplarizante de las conductas distinguidas sólo puede cumplirse si estas son adecuadamente difundidas y conocidas por la sociedad. Por ello, todas las órdenes y condecoraciones civiles otorgadas en nombre de Su Majestad el Rey deberían publicarse en el Boletín Oficial del Estado y anotarse posteriormente en un registro público de libre acceso. Solo así adquiere pleno sentido la idea formulada por el gran jurista turinés Norberto Bobbio (1909-2004), según la cual el derecho no debe agotarse en su dimensión sancionadora o represiva, sino que ha de asumir también una función promocional mediante el reconocimiento, los premios y los incentivos.
En este contexto, la transparencia en el ejercicio de la potestad premial de los poderes públicos se revela como una exigencia inherente a la buena gobernanza democrática, en la medida en que contribuye a prevenir prácticas corruptas y fortalece la calidad y legitimidad de las instituciones.
Fernando García-Mercadal
es director de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía.
ABC
sábado, 20 de junio de 2026
ICONOGRAFÍA (XLIV)
GENERAL DE DIVISIÓN FRANCISCO VALDÉS ARRIOLA (1788-1864)
Pasador superior: Cruz del Ejército de Galicia, Cruz del Norte, Cruz de Chiclana y Medalla de Tarifa.
Pasador inferior: las dos primeras sin identificar, Medalla de los Prisioneros Militares y Cruz del Tercer Ejército.
Pendientes de cinta: dos Cruces de 2.ª clase de la Orden de San Fernando.
Placas: dos Cruces de 2.ª clase de la Orden de San Fernando —corresponden a las pendientes de cinta— Placa de la Libertad, Gran Cruz de la Orden de San Hermenegildo y Cruz de 3.ª clase de la Orden de San Fernando.
Banda: Gran Cruz de la Orden de San Hermenegildo.
Pasador superior: Cruz del Ejército de Galicia, Cruz del Norte, Cruz de Chiclana y Medalla de Tarifa.
Pasador inferior: las dos primeras sin identificar, Medalla de los Prisioneros Militares y Cruz del Tercer Ejército.
Pendientes de cinta: dos Cruces de 2.ª clase de la Orden de San Fernando.
Placas: dos Cruces de 2.ª clase de la Orden de San Fernando —corresponden a las pendientes de cinta— Placa de la Libertad, Gran Cruz de la Orden de San Hermenegildo y Cruz de 3.ª clase de la Orden de San Fernando.
Banda: Gran Cruz de la Orden de San Hermenegildo.
Uso no comercial de la imagen, sólo a efectos divulgativos y de investigación.
Museo del Ejército
domingo, 14 de junio de 2026
Pasadores de diario (XIII)
Colección particular
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Concesión del Collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro a Marcelo Nuno Duarte Rebelo de Sousa
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